Un viaje que empezó con un cambio de planes
Arabia Saudita fue nuestro país número 102. El viaje había sido pensado alrededor del Gran Premio de Fórmula 1 de Yeda, que coincidía con el cumpleaños de César. La carrera, prevista para abril de 2026, finalmente no se realizó por la situación regional. Nosotros decidimos mantener el recorrido y convertir aquel plan inicial en diez noches por libre entre el Mar Rojo, los paisajes de AlUla y Riad.
Llegamos a Yeda desde Túnez el 16 de abril, retiramos un auto y comenzamos una ruta que terminó siendo mucho más amplia de lo previsto: Yeda, Medina, Yanbu, Umluj, Al Wajh y AlUla por carretera; después volamos a Riad, alquilamos un segundo vehículo y cerramos el viaje en la capital.
Este artículo no propone una Arabia Saudita perfecta ni pretende convertir nuestra sensación de tranquilidad en una garantía para otros viajeros. Cuenta lo que vivimos durante esos días, con los lugares que nos sorprendieron, las situaciones incómodas, las dificultades para comprar entradas y los precios que pudimos recuperar de abril de 2026.

Visa para Arabia Saudita: nuestra experiencia
Con pasaporte argentino la visa debe tramitarse antes del viaje: Argentina no figura actualmente entre los países habilitados para solicitar la eVisa turística en el portal oficial saudí. En nuestro caso viajamos con pasaporte europeo y obtuvimos la visa al llegar al aeropuerto.
España e Italia sí aparecen entre las nacionalidades admitidas por el sistema oficial de eVisa. De todos modos, las condiciones pueden cambiar y también dependen del pasaporte utilizado, por lo que recomendamos consultar el [portal oficial de visas de Arabia Saudita](https://visa.visitsaudi.com/) antes de comprar el viaje.
Arabia Saudita en dos etapas
Recorrimos en auto desde Yeda hasta AlUla, pasando por Medina y la costa del Mar Rojo. Después volamos a Riad y retiramos un segundo vehículo para conocer la capital y sus alrededores.
Yeda: entre Al-Balad y el Mar Rojo
Yeda fue nuestra puerta de entrada y la primera base del viaje. Nos alojamos en un departamento equipado, hicimos compras para los días siguientes y empezamos a movernos en auto por una ciudad extensa, atravesada por grandes avenidas, obras y distancias que no siempre se perciben en el mapa.


El sector que más disfrutamos fue Al-Balad, el casco histórico. Sus construcciones tradicionales, balcones de madera, comercios y calles estrechas muestran una ciudad muy distinta de la Yeda moderna. No hace falta recorrerlo con una lista rígida: su mayor atractivo está en caminarlo y observar cómo conviven los edificios restaurados, las casas todavía habitadas y la actividad comercial.




También fuimos a la costa, a la Corniche, a una mezquita junto al mar y al entorno del circuito urbano donde debía disputarse la Fórmula 1. La carrera no ocurrió, pero el viaje siguió y Yeda terminó funcionando como una introducción inesperadamente completa al país.




En el supermercado LuLu gastamos aproximadamente USD 100 en provisiones para tres días. No es un valor para trasladar como presupuesto diario, pero sí una referencia de nuestro abastecimiento viajando en auto. Durante esa compra vimos, entre otros precios, una bolsa de arroz de cinco kilos a aproximadamente USD 6,65 y una de azúcar de cinco kilos a aproximadamente USD 5,32.
Medina: dos experiencias que no conviene simplificar
Salimos de Yeda hacia Medina. Primero llegamos a la mezquita de Quba y después recorrimos el entorno de la mezquita del Profeta, la antigua estación y otros sectores de la ciudad.








En Quba recibimos indicaciones sobre el ingreso, los espacios separados y los sectores a los que podíamos acceder. Más tarde vivimos otra situación en el entorno de la mezquita del Profeta. En ambos casos hubo pedidos y aclaraciones que formaron parte de nuestra experiencia concreta, pero sería incorrecto convertirlos en una regla general sobre toda Medina o todas las mezquitas del país.
La enseñanza práctica es sencilla: en los lugares religiosos conviene preguntar antes de entrar, respetar los accesos diferenciados, la vestimenta y cualquier indicación del personal. Las condiciones pueden variar según el sitio y el momento, por lo que deben verificarse antes de la visita.
Después seguimos hacia Yanbu, donde pasamos la noche y comenzamos el tramo menos convencional de la ruta.


El Mar Rojo en auto: Yanbu, Umluj y Al Wajh
La costa saudí del Mar Rojo fue una de las partes más inesperadas del viaje. Desde Yanbu continuamos hacia Umluj y Al Wajh, con largas extensiones de carretera, playas, dunas y muy poca gente durante nuestras paradas.



No llevábamos una excursión contratada ni un circuito cerrado. Parábamos donde el paisaje nos interesaba, tomábamos mate frente al mar y seguíamos. Esa libertad fue uno de los grandes beneficios del auto, aunque también exige prever combustible, agua, comida y alojamiento antes de que termine el día.
En una de las playas encontramos un cartel de la guardia fronteriza que indicaba “zona peligrosa” y “prohibido nadar”. La advertencia correspondía a ese lugar específico: no la usamos para afirmar que esté prohibido bañarse en todas las playas de Arabia Saudita.


Más adelante aparecieron las dunas junto a la ruta y la señalización que marcaba la cercanía de Al Wajh. En este tramo, el camino fue parte central del viaje y no simplemente un traslado entre ciudades.



En Al Wajh conseguimos alojamiento sin reserva por aproximadamente USD 66. La ciudad nos recibió de noche, con una arquitectura y una vida cotidiana muy alejadas de los grandes proyectos turísticos. Fue una escala funcional, pero también una buena forma de ver un país que no se reduce a Yeda, Riad o AlUla.


Esa noche caminamos por el sector antiguo. Encontramos calles silenciosas, casas de piedra, balcones de madera y construcciones en distintos estados de conservación. La iluminación nocturna resaltaba los materiales y las formas de las fachadas, pero también dejaba a la vista el deterioro de varios edificios.








Al día siguiente nos despedimos del Mar Rojo y tomamos la ruta hacia el interior. El paisaje cambió otra vez: dejamos atrás la costa, cruzamos montañas áridas y hasta encontramos camellos cerca de la carretera antes de llegar a AlUla.



AlUla: el centro del viaje
Llegamos a AlUla el 21 de abril y nos alojamos en Cloud7 Residence. Después de varios días de carretera, tener una base cómoda resultó especialmente valioso. AlUla concentra paisajes naturales, oasis, restos arqueológicos y una infraestructura turística mucho más organizada que la que habíamos encontrado en la costa.


Elephant Rock al atardecer
Nuestra primera gran parada fue Elephant Rock o Jabal AlFil, una formación de arenisca de 52 metros modelada por la erosión. Fuimos por la tarde, nos sentamos frente a la roca, tomamos mate y esperamos que cambiara la luz. El acceso era gratuito durante nuestra visita.




Allí vivimos una de esas escenas que explican un viaje mejor que cualquier listado: una familia saudí nos invitó a compartir té y dátiles. Fue un encuentro espontáneo y amable, sin ceremonia turística ni intercambio comercial.
Oasis, Old Town y Maraya
Recorrimos el oasis y el casco antiguo tanto de noche como al atardecer. En Old Town dejamos el auto lejos y utilizamos un pequeño vehículo de traslado; no conservamos un precio verificable de ese servicio. La zona está preparada para caminar, comer y permanecer hasta tarde, pero también conviene calcular tiempo adicional entre estacionamiento, controles y traslados internos.



Una segunda caminata, ya con la luz del atardecer, nos permitió ver mejor las antiguas construcciones de tierra y la parte contemporánea de restaurantes y cafés. Old Town combina ruinas, pasajes estrechos y una zona preparada para recibir visitantes sin perder de vista el paisaje del oasis.





Para acercarnos a Maraya tuvimos que gestionar una autorización. En nuestro caso fue gratuita y nos permitió llegar al sector y ver el exterior del edificio espejado, integrado visualmente con los acantilados de Ashar Valley. No entramos al edificio ni visitamos su interior, por lo que no presentamos aquella autorización como una entrada a Maraya.





Hegra: las huellas nabateas al sur de Petra
Hegra fue la experiencia central de AlUla. Es el primer sitio saudí inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO y el mayor conjunto conservado de la civilización nabatea al sur de Petra. Conserva 111 tumbas monumentales, 94 de ellas con fachadas decoradas, además de inscripciones y antiguos sistemas de agua.
Comprar la excursión por internet nos dio problemas, así que terminamos resolviéndola en el centro de visitantes. Pagamos USD 25 por persona. El recorrido duró alrededor de dos horas, incluyó cuatro paradas y explicaciones en árabe e inglés. El grupo en inglés era pequeño, de unas seis o siete personas, algo que hizo la visita mucho más tranquila.


En una de las paradas atravesamos un estrecho pasaje natural entre paredes de arenisca. Allí pudimos acercarnos a cámaras funerarias excavadas en la roca y observar cómo el trabajo humano se integraba con las formas creadas por la erosión.



Las fachadas monumentales fueron el punto culminante de la visita. Algunas aparecen aisladas; otras se suceden sobre una misma pared rocosa. Verlas desde distintos ángulos permite apreciar tanto la precisión de los relieves como la enorme escala del paisaje que las rodea.









#### Qasr al-Farid: la tumba aislada
Uno de los puntos más reconocibles del recorrido es la Tumba de Lihyan, hijo de Kuza, conocida como Qasr al-Farid. Está tallada en un bloque de roca independiente y su parte inferior quedó inconclusa. Precisamente por estar separada del resto, su fachada se distingue desde lejos y permite entender con claridad cómo los nabateos excavaban el monumento directamente sobre la piedra.




El recorrido terminó entre explicaciones al aire libre y nuevas vistas desde el transporte. Hegra no se concentra en un único frente monumental: las tumbas aparecen dispersas entre afloramientos rocosos, paredones y grandes extensiones de arena.



La comparación con Petra es inevitable, pero los lugares no son iguales. Hegra tiene una escala más dispersa y una visita organizada mediante transporte interno; Petra se descubre caminando a través del Siq y de una ciudad mucho más extensa. Lo que las conecta es la huella nabatea y la capacidad de transformar la roca en arquitectura monumental.
Dadan y Jabal Ikmah
Antes de volar a Riad hicimos una segunda excursión por Dadan y Jabal Ikmah. Dadan fue capital de antiguos reinos del noroeste de Arabia, mientras que Jabal Ikmah concentra inscripciones y petroglifos que le dieron el apodo de “biblioteca al aire libre”.
Nos trasladamos entre los distintos sectores en los vehículos de la visita. En Dadan recorrimos los restos arqueológicos frente al oasis y observamos las tumbas excavadas en la ladera; algunas conservan figuras de leones talladas sobre la entrada.




En Jabal Ikmah las inscripciones cubren grandes superficies de piedra. Un marcador en el acceso recuerda que el sitio fue incorporado en 2023 al registro internacional del programa Memoria del Mundo de la UNESCO. Más allá de cualquier traducción, la cantidad y la concentración de signos hacen evidente por qué se lo presenta como un archivo al aire libre.



La visita incluyó un taller de piedra en el que Aldana eligió tallar la letra A. Recordamos una tarifa aproximada de entre USD 20 y USD 25 por persona, pero el importe exacto quedó sin resolver; por eso lo dejamos como referencia y no como precio cerrado.

Riad: otra escala y otro ritmo
El vuelo desde AlUla dividió el viaje en dos etapas. En Riad alquilamos otro auto para los últimos tres días. La llegada fue con lluvia y granizo, una imagen muy distinta de la capital seca y calurosa que esperábamos.
Riad nos pareció inmensa, moderna, caótica y difícil de abarcar. Las distancias obligan a elegir bien cada salida. Vimos el Kingdom Centre iluminado de noche y al día siguiente fuimos a Diriyah y Bujairi Terrace. Durante nuestra visita, el acceso a Diriyah fue gratuito después de completar un registro digital.








Diriyah: la ciudad de tierra junto al oasis
En Diriyah volvimos a encontrarnos con una arquitectura de tierra muy distinta del perfil de vidrio y acero del centro de Riad. Caminamos entre muros restaurados, restos arqueológicos y palmeras, con pasarelas y miradores que permiten observar el conjunto sin invadir las áreas en conservación.




Boulevard: pantallas, luces y trámites digitales
La gestión online fue una constante del viaje. Entradas, estacionamientos, autorizaciones y servicios dependen muchas veces de páginas, aplicaciones o códigos QR. En Boulevard tuvimos problemas con una plataforma, tarjetas y accesos: no conseguimos entrar a uno de los parques que habíamos previsto, pero sí recorrimos la zona de grandes pantallas y entretenimiento. Tener internet no fue un lujo, sino una herramienta básica para moverse.



Masmak, la mezquita y el mercado
El último día urbano combinó el fuerte Masmak, una mezquita y el mercado. Allí recibimos una bienvenida especialmente cálida cuando algunos vendedores supieron que éramos argentinos; incluso nos hicieron regalos. Fue uno de los mejores cierres humanos del recorrido.




En el mercado, la camiseta argentina abrió conversaciones, fotos y gestos inesperados. Los regalos que recibimos no tuvieron que ver con una compra importante, sino con la alegría de quienes reconocían a la selección y querían compartir ese entusiasmo.



Las dunas rojas: una experiencia que no recomendamos
Antes de despedirnos de Riad fuimos hasta las dunas rojas de las afueras. No contratamos una excursión ni hicimos actividades: observamos el movimiento de cuatriciclos y camellos.
El lugar no nos gustó. Encontramos basura, conducción desordenada y un trato hacia los camellos que nos resultó incómodo. El paisaje tenía potencial, pero nuestra experiencia no fue buena y no lo incluiríamos entre las recomendaciones principales del viaje.
Precios y datos reales de abril de 2026

- Compra de provisiones en LuLu para tres días: aproximadamente USD 100.
- Arroz, bolsa de cinco kilos: aproximadamente USD 6,65.
- Azúcar, bolsa de cinco kilos: aproximadamente USD 5,32.
- Alojamiento conseguido sin reserva en Al Wajh: aproximadamente USD 66.
- Tour de Hegra: USD 25 por persona.
- Autorización para acercarnos al sector de Maraya: gratuita durante nuestra visita; no incluía el ingreso al edificio.
- Tour de Dadan y Jabal Ikmah: referencia aproximada de USD 20 a USD 25 por persona, pendiente de confirmación exacta.
- Departamento en Riad: alrededor de USD 50 por noche.
- Acceso a Diriyah: gratuito después del registro digital durante nuestra visita.
- Helado de dos gustos: USD 6.
No pudimos reconstruir un presupuesto completo: faltan los importes de ambos alquileres de auto, combustible, vuelos, varias noches y la resolución del reintegro de las entradas de Fórmula 1. Estos valores sirven para dimensionar algunos gastos concretos, no para calcular el costo total actual de un viaje.
Cómo ordenar diez noches en Arabia Saudita
Si organizáramos nuevamente esta ruta, mantendríamos la lógica general:
- Días 1 a 3: Yeda. Al-Balad, Corniche, costa y una jornada con margen para adaptarse, retirar el auto y hacer compras.
- Día 4: Yeda–Medina–Yanbu. Es una jornada larga; conviene salir temprano y no sumar demasiadas paradas.
- Día 5: Yanbu, Umluj y Al Wajh por la costa del Mar Rojo.
- Día 6: Al Wajh–AlUla, con Elephant Rock y Old Town al atardecer.
- Día 7: Maraya, paisajes de AlUla y tour de Hegra.
- Día 8: Dadan y Jabal Ikmah; vuelo a Riad y retiro de un segundo auto.
- Días 9 y 10: Diriyah, Boulevard, Masmak, mercados y una selección realista de barrios y miradores de Riad.
- Día 11: salida desde Riad.
No intentaríamos unir Yeda y Riad con un único alquiler solamente para sostener la idea de un viaje enteramente por carretera. El vuelo desde AlUla permitió aprovechar mejor el tiempo y dividir el recorrido en dos tramos manejables.
Lo que nos dejó Arabia Saudita
Arabia Saudita terminó siendo mucho más que el viaje de Fórmula 1 que no ocurrió. Yeda nos mostró el contraste entre Al-Balad y una ciudad moderna frente al mar; la carretera reveló una costa casi ausente de los circuitos habituales; AlUla reunió el paisaje más impactante y la parte histórica más fuerte; Riad cerró el recorrido con una capital gigantesca, digitalizada y llena de contrastes.
También fue un viaje que exigió flexibilidad. Hubo accesos que no entendimos de inmediato, entradas que no pudimos comprar online, lugares religiosos donde debimos preguntar y una visita a las dunas que no recomendamos. Precisamente por eso vale la pena contarlo: viajar por libre permite descubrir mucho, pero obliga a adaptarse y a no convertir una experiencia personal en una verdad general sobre el país.
Este diario cuenta nuestro recorrido entre el 16 y el 26 de abril de 2026. Las tarifas, las visas, las condiciones de ingreso y los accesos a los sitios pueden cambiar. Antes de viajar, confirmalos siempre en los portales oficiales y con los prestadores elegidos.

